“El gran objetivo de todos los españoles es la derrota de ETA”
“Nos oponemos a la política de diálogo y apaciguamiento”
“No hay atajos en la lucha contra ETA”
“A ETA sólo se le puede vencer si se la derrota: no hay alternativa a la aplicación del Estado de Derecho”
“Es imposible derrotar a ETA si dejamos que los terroristas utilicen las instituciones democráticas”
“No se puede derrotar con ETA si dejamos que los terroristas se financien con nuestros impuestos”
“La pregunta que debemos hacernos es qué podemos hacer cada día para alcanzar la derrota definitiva de ETA”
* Declaraciones de Ignacio Cosidó, portavoz de Interior del PP en el Congreso de los Diputados, en “La Mañana del Domingo, Cadena COPE”
Septiembre 28, 2008 · Filed Under ETA

Septiembre 25, 2008 · Filed Under NATIONAL



Septiembre 21, 2008 · Filed Under ETA
EPÍLOGO: ¿ES POSIBLE LA DERROTA DEL TERRORISMO YIHADISTA?
Sólo se conseguirá la derrota del terrorismo de matriz salafista si las elites políticas creen en ella y si son capaces de trazar y recorrer vías para vencer al enemigo que se transiten tras asumir varias consideraciones. La primera, que el eficaz combate contra esta forma de terrorismo va más allá de la contabilización cuantitativa y matemática del número de terroristas capturados o muertos. La segunda, que la victoria no será marcada ni quedará grabada con un signo tan visible como la caída del Muro de Berlín y el colapso del comunismo. La tercera, que la recuperación de espacios democráticos que amortigüen los efectos de la presencia yihadista en Oriente Próximo, Asia Central, la región del Golfo Pérsico y el Sudeste Asiático pasa por ofrecer y, en ocasiones, imponer al mundo árabe y musulmán la libertad como antídoto de los planteamientos más atroces y tiránicos que abanderan los terroristas.
La violencia política de destrucción masiva exige una respuesta motivada por el desbordamiento del paradigma de terrorismo entendido como acto criminal de efectos, materiales y humanos, muy restringidos. Incluso a pesar del riesgo de caer en esa tentación, a los gobiernos apaciguadores no les resulta posible hoy la estrategia que pasa por ‘tomar la temperatura’ o ‘tomar el contacto’ con los yihadistas para, al detectar el punto óptimo, entablar conversaciones y llegar a algún compromiso previa claudicación a través de concesiones políticas. Como ha advertido el ex director de la CIA, James Woolsey, ‘los terroristas de hoy no quieren sentarse en ninguna mesa; quieren destruir la mesa y liquidar a sus interlocutores’.
Occidente no está ganando la batalla contra el totalitarismo yihadista.
Tras su proceso de dispersión, reagrupamiento y descentralización, el conglomerado que ha derivado de la organización Al Qaeda está exhibiendo una elevada capacidad para sobreponerse a los resultados de un ciclo sostenido de eficaces operaciones contraterroristas. La destrucción, desactivación o aislamiento de unas células está teniendo como paralelo la potenciación, radicalización y activación de otras, periféricas y durmientes, que han garantizado una capacidad de actuación y réplica sostenida por parte de los yihadistas.
Las democracias avanzadas no han conseguido paralizar la campaña en marcha contra apóstatas, judíos, cruzados y ateos; no han conseguido minar la moral de los terroristas; no provocar la disminución del umbral de letalidad de sus atentados; no generar un colapso o lucha interna en el seno del movimiento; no llevar a los yihadistas a desistir en sus ataques o negociar su rendición. Sin embargo, las democracias avanzadas sí están asumiendo que la disuasión significa poco para terroristas que no tienen territorio ni ciudadanos que defender; que la contención es ineficaz frente a quienes buscan el factor sorpresa obsesionados con escalar hasta las más altas tasas de victimización con sus embestidas; están comprendiendo, en fin, que favorecer el diálogo y la distensión para mercadear o llegar a modificar la agenda neosalafista implica no entender las dimensiones expansionistas del pensamiento alimentado por el Islam radical.
La determinación que debe guiar la lucha global el enemigo yihadista no debe ser menor que la que propició la derrota del enemigo comunista. Como el comunismo ayer, el yihadismo tiene hoy un compromiso firme de actuar en cualquier lugar del mundo contra quienes defienden el avance de la libertad. Como el comunismo ayer, el yihadismo hoy está conformado por una variedad de grupos y movimientos con un considerable respaldo social que, en consecuencia, deben ser abordados, atacados y atajados con herramientas diversas y complementarias. Como el comunismo ayer, el yihadismo hoy está alimentado por una ideología contraria a los valores democráticos y con aspiraciones transnacionales. Como el comunismo ayer, el yihadismo hoy aspira a un cambio del orden político, social y económico a través del uso más despiadado, incondicional e irrestricto de la violencia.
Como el comunismo ayer, el yihadismo hoy postula la división del mundo en dos esferas: la de quienes oprimen militar y económicamente a los más débiles y la de quienes son oprimidos por defender sus ideas y creencias. Como el comunismo ayer, el yihadismo hoy tiene entre sus líderes y acólitos a quienes no están dispuestos a moldear ni corregir sus bárbaros preconceptos y a quienes son impermeables a cualquier argumento o razón que les llegue del exterior. En definitiva, como el comunismo, el yihadismo contempla que la democracia y el capitalismo contienen las semillas de su propia destrucción, desencadenada tras una guerra y una revolución inevitable a escala global.
Las coordenadas desde las que encarar la amenaza yihadista, abanderada por Al Qaeda, son estratégicamente similares a las que propiciaron la erradicación de la amenaza comunista, abanderada por la Unión Soviética. Como ayer, hoy resulta vital para derrotar al enemigo no sólo usar la fuerza en el campo de batalla sino desacreditar la ideología que lo moviliza y activa; como ayer, hoy debe acatarse que en la medida en que la victoria sólo puede resultar de un proceso prolongado, duro y difícil con un final no necesariamente claro ni definitivo, la lucha debe cometerse con persistencia y confianza en los principios que la motivan.
Como ayer, hoy hay que asumir que el desafío no es sólo, ni siquiera principalmente, de carácter armado. Como ayer, hoy se vuelve a situar la defensa de los derechos humanos y las libertades más fundamentales en el centro del sistema de creencias de quienes confían en el avance de la democracia al margen de culturas, ideologías y religiones. En definitiva, como ayer, hoy se debe confiar en la superioridad moral de Occidente en contraposición a las tenebrosas utopías que activan a quienes se valen del terror para imponer falsos sistemas teocráticos trasnochados y desviados.
Para recorrer este camino largo que Occidente está obligado éticamente a liderar será necesario soltar el lastre que representan quienes desde las elites políticas entienden que es posible el entendimiento con quienes sólo creen en la opresión, son llamados por el odio y se obstinan en socavar la paz mundial, la prosperidad y la seguridad internacional; también la pesada carga que suponen quienes vulneran la ley despreciando la propia fortaleza del Estado de derecho para combatir a sus enemigos.
Como apuntó el embajador George Kennan al alumbrar intelectualmente las ideas iniciáticas que contribuyeron a la derrota del comunismo soviético, ‘la fuerza, al igual que la paz, no es una abstracción: no se la puede entender o manejar como un concepto fuera del marco dado por los fines buscados y los métodos empleados para alcanzarlos. Ni siquiera la mayor convicción de rectitud en nuestros propósitos nos absuelve de la obligación de la decencia en el método. Si nos permitimos copiar los métodos de nuestro adversario para combatirlo, corremos el riesgo de perder la batalla antes de empezarla’.
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En TERROR.COM se analizan y explican las causas de la fascinación que sienten por las nuevas tecnologías los partidarios de la yihad. La Red está propiciando que células implantadas a nivel local que se encuentran físicamente aisladas estén siendo capaces de establecer vínculos operativos y tácticos para la instigación y perpetración de atentados con terceros grupos con los que están conformando una auténtica umma virtual. Las herramientas de la modernidad no han hecho sino aumentar la ansiedad de los terroristas por el oxígeno de la propaganda y la publicidad: son conscientes de que más de la mitad del resultado de la batalla se decide hoy en el campo de los medios de comunicación